A 30 años años de los Acuerdos de Oslo, no debemos renunciar a la paz en Oriente Próximo

Hace treinta años, el 13 de septiembre de 1993, Yasser Arafat y Yitzhak Rabin se daban la mano para sellar los «Acuerdos de Oslo», que supuestamente debían conducir a una solución permanente del conflicto israelo-palestino en un plazo de cinco años.

Recuerdo haber sentido en aquel momento la esperanza de ver por fin el final de la tragedia árabe-israelí-palestina, que ya duraba décadas. ¿Qué queda en 2023? No hay ni paz ni proceso de paz. La esperanza se ha convertido en resentimiento y desesperación, y este aniversario ha pasado prácticamente desapercibido.

Sobre el terreno, el conflicto se recrudece una vez más. Este año ya se han producido más de 200 víctimas mortales palestinas y 35 israelíes. Los atentados terroristas, tanto de militantes palestinos contra israelíes como de colonos israelíes contra palestinos, han vuelto a alcanzar niveles récord. Israel sigue ampliando los asentamientos en Cisjordania: en la época de los acuerdos de Oslo había 280.000 colonos; hoy hay más de 700.000.

La violencia de los colonos, la barrera de separación, las demoliciones y otras medidas están expulsando gradualmente a la población palestina de sus tierras en muchas zonas de Cisjordania, mientras que el desastre humanitario en Gaza continúa sin tregua y sin final a la vista.

Mientras tanto, el apoyo interno a los dirigentes palestinos reconocidos internacionalmente se encuentra en mínimos históricos, agravado por una creciente falta de financiación. Por el contrario, Israel se ha convertido en una próspera «nación emergente», a pesar de un entorno de seguridad imperfecto.

La necesidad de cambiar el statu quo no se siente tan acuciante en Tel Aviv como en Ramala, pero el conflicto no va a desaparecer: la idea de que Israel podría seguir adelante sin hacer las paces con los palestinos es una ilusión peligrosa.

La continua violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de algunos de los principios fundamentales del derecho internacional está erosionando la confianza en un orden internacional basado en normas, no sólo en la región sino en todo el mundo. Por ello, es más necesario y urgente que nunca que la comunidad internacional reafirme su compromiso con la paz entre israelíes y palestinos y se movilice en favor de ella.

Desde hace años, nosotros, la UE y la comunidad internacional, defendemos una Solución de Dos Estados con el Estado de Israel y un Estado de Palestina independiente, democrático, contiguo y soberano, que convivan en paz y seguridad con Jerusalén como capital de ambos Estados.

Debido a la política de hechos consumados de Israel, esta solución puede parecer cada vez menos viable sobre el terreno. Sin embargo, ¿qué otra alternativa podría permitir a israelíes y palestinos convivir en paz? Nadie es capaz de articular otra respuesta plausible.

El establecimiento de lazos diplomáticos entre algunos Estados árabes e Israel, por muy vital que sea para la paz regional, no ha acercado hasta ahora a israelíes y palestinos a la paz. Por ello, junto con la Liga de Estados Árabes, Arabia Saudí, Egipto y Jordania, hemos decidido hacer una contribución conjunta para ayudar a revitalizar la solución de los dos Estados.

El 18 de septiembre, en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, lanzamos conjuntamente el «Esfuerzo por el Día de la Paz». Fue un éxito con la participación de más de 50 países y organizaciones.

Pretendemos hacer «ingeniería inversa» de la paz, elaborando un «Paquete de Apoyo a la Paz», que maximizará los beneficios para palestinos e israelíes si consiguen llegar a un acuerdo de paz.

Esta iniciativa se basa en la Iniciativa de Paz Árabe de 2002 y en el «paquete de apoyo político, de seguridad y económico» de la UE de 2013, que han previsto incentivos de este tipo para las partes en conflicto si logran la paz, al tiempo que se inspiran en las relaciones existentes entre Israel y algunos Estados árabes.

Pretendemos reunir lo que todos nosotros podemos aportar, cuando haya paz real, fronteras abiertas de verdad y una cooperación regional sustancial en Oriente Medio. ¿Qué perspectivas políticas, económicas y de seguridad podríamos ofrecer? ¿Qué proyectos energéticos, climáticos, hídricos, de desarrollo y de otro tipo podríamos poner en marcha?

Este esfuerzo del Día de la Paz no es sólo un empeño árabe-europeo: todos los socios internacionales están invitados a contribuir, y en Nueva York muchos ofrecieron su apoyo. Los días 13 y 14 de noviembre empezaremos a trabajar juntos en Bruselas para concretar y precisar este Paquete de Apoyo a la Paz.

Por supuesto, esta iniciativa no puede sustituir a un auténtico proceso de paz entre israelíes y palestinos. Y el Paquete de Apoyo a la Paz no bastará por sí solo para superar los numerosos obstáculos a la paz, pero puede constituir un incentivo para avanzar en esta dirección, no sólo por los beneficios que ofrece, sino también por recordar a las partes en conflicto que sólo una solución negociada es una opción estratégica viable y aceptable.

Aunque nuestros amigos israelíes y palestinos aún no están negociando la paz, nos hemos embarcado en este viaje para ayudar a mantener viva la solución de los dos Estados, con la esperanza de que, juntos, podamos acercarnos a ella.

Por remota que pueda parecer hoy la paz en Oriente Medio, haciéndonos eco de las palabras de Nelson Mandela de que «siempre parece imposible hasta que se hace», seguiremos intentándolo.

Por el bien de los derechos legítimos de los palestinos, de la seguridad sostenible a largo plazo para los israelíes, de la paz y el desarrollo en la región y de la credibilidad del orden internacional basado en normas, el mundo no puede permitirse que el conflicto israelo-palestino caiga en el olvido.

Josep Borrell es Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidente de la Comisión Europea.