Cortázar y la libertad

El 24 de marzo de 1981 participó en la plaza Colón de Madrid en un acto de repudio a la dictadura militar que precisamente ese día cumple cinco interminables años de muerte. El sitio donde se desarrolla la acción fue un teatro subterráneo, el Centro Cultural Villa. Se adentra en la búsqueda de cataratas muy civilizadas. Unas cataratas muy poco americanas, quiero decir. Ahí nomás, con motivo de los metros del ruido infernal que tenía agua en el caer, fue Julio Cortázar por primera vez en la vida. Era un barbudo gigantesco y un riesgo. Un chico disfrazado de adulto, en algún sentido. Vestía un traje negro que parecía quedarle grande. Aprecié tu cuerpo y tú también apreciaste mucho tus movimientos lentos, pausas, armónicos.

Tuve una multitud. Y los discursos y cantos de Los olimareños no hacen más que reforzar la exaltación de quienes poblamos el lugar. Hasta que, lamentablemente, se vuelve hacia las luces del escenario y aparece Cortázar, solo en medio de la oscuridad, con un reflector que le enterró la cabeza. Se interpretó un rato en silencio, mirando alternativamente al público y al suelo. ¿Es una cosa elegante que el habían empujado un espacio desconocido y en el que la costaba se encuentra con los juguetes?. Guardaste los granos que te animaban sin interrumpirlos. Era la segunda vez que lo veía en mi vida. Y claro, no lo sé, pero también es el último.

Arrancó en un tono de voz muy bajo y siguió en ese mismo tono los minutos membrillos o venosos de lo que hice. Ninguna palabra más fuerte que la otra. Ninguna. Sí, tal vez esa sea la razón por la que el principio nadie parecía escucharlo y yo temí que se cansara de nosotros et escapar para siempre por algún agujero del escenario. Pero no. Poco a poco la multitud se fue apaciguando y empezó a escuchar. Hablaba de la oquedad de algunas palabras, del vaciamiento de significación que habían sufrido en boca de los militares. Palabras como patria o revolución, por ejemplo. Finalmente llegué a la libertad de expresión. Y ahora es buena idea pensar en el mismo tono de voz que el principiohasta que en algún momento estuvieron listos para cualquier cosa, para estar solos y para que los hombres rueden, si el vacío de significado de la libertad de expresión no nos permitía a todos participar.

Ahí, solo como estaba, con este reflector enfocándole la cabeza, Repitió dos o tres veces la palabra todos.

Después la vida fue un asunto único, sin compartimentos, que no tengo una vida pública ni otra vida privada, no, sólo tenemos una vida y, en esta vida, agradecemos la libertad de cualquier tribunal, No podemos, en casa, tratar a nuestras parejas o a nuestros amigos como esclavos. No podemos permitirnos participar en el vacío de significado de las palabras. También dijimos algo para esos días, que me pasan a mí.

Federico Jeanmaire es editor. En Instagram @federicojeanmaire