Vivir entre sirenas de alarma y miklats, los refugios antibombas en las casas israelíes

La sirena es lo peor. Suena como un grito que estremece acompañada de una voz urgente que demanda dejar todo y correr a los refugios, un mensaje que se repite una y otra vez entre el ulular intenso de las bocinas. Parece un paisaje de otro mundo.

La sirena, en las ciudades del sur de Israel, en el vecindario de la Franja de Gaza, han estado sonando con estruendo frecuentemente desde el pasado fin de semana como consecuencia de las oleadas incesantes de cohetes que ha lanzado el movimiento terrorista Hamas desde ese territorio.

El ataque sorpresivo del grupo fundamentalista el pasado 7 de octubre logró saltear estos protocolos de protección. Mucha gente fue atacada en sus casas cuando aún dormían. Además, si hubiera sido posible, algunas viviendas antiguas de la zona tienen refugios no lo suficientemente alistados para poder ser usados con la rapidez necesaria y la protección requerida.

Las sirenas son equipos potentes de sonido repartidos en las poblaciones cuadra tras cuadra para cubrir todo el espacio y se encienden muy poco antes de que caigan los proyectiles, cuando el sistema de defensa antiaéreo detecta los disparos. Hay 90 segundos no más para dejar lo que se está haciendo y buscar el refugio más cercano, de la propia vivienda o lo que este a mano, incluso comercios.

Para un recién llegado no acostumbrado a la tensión que se dispara en el momento de ese alarido necesario de las bocinas, la sensación es de confusión y una urgencia única, difícil de describir.

Este enviado lo ha escuchado varias veces antes en otros conflictos que le tocó cubrir en la región, y ahora de regreso y en una situación aún más grave, se sigue experimentando la percepción incómoda de la primera vez.

Advertencia de cohetes

En la segunda guerra del Líbano a mitad del 2000 se las podía escuchar encendidas con insistencia en todo el norte de Israel por la lluvia de cohete katiuska que lanzaba la milicia del grupo Hezbollah, aliado histórico de Hamas. Ahora el ataque es desde el norte de Gaza y con proyectiles más modernos, algunos con mucho mayor alcance y capacidad destructiva.

Un refugio en el sur de Israel. Reuters

Los israelíes de estas regiones se han acostumbrado a convivir con esta realidad espartana. Algunos, como una amiga en Sderot, una ciudad muy cercana a la Franja, le confiesa al enviado de Clarín, que a veces prefiere ignorar el estridente reclamo de las sirenas. Es una distracción peligrosa. Mucha gente ha muerto por ese descuido.

Una noción de que cómo son los límites estrechos aquí lo brinda el hecho de que todas las viviendas no necesariamente nuevas, deben contar con una habitación especialmente alistada para funcionar como refugio de la familia. Si se trata de una casa, es un cuarto reforzado con paredes de concreto y ventanas blindadas, además de una puerta doble pesada de hierro que sea imposible abrir desde el exterior.

Como el sitio queda totalmente cerrado, se agregan purificadores de aire que además protegen de ataques con gas pimienta o similar. No solo son antibombas, sino idealmente protección por eventuales invasiones. En el pasado el blindaje anulaba la señal de internet, eso ya no sucede.

En los edificios, el refugio llamado aquí miklat, por su nombre en hebreo, está en los sótanos, lo que en Argentina sería la parte del estacionamiento de los vehículos. Ahí hay grandes salones blindados, como refugios atómicos, donde los vecinos de los monoblocks corren a reunirse cuando suena el aviso de ataque.

Hay entrenamiento en los consorcios de los edificios para que la gente no pierda tiempo y pueda ponerse a salvo ordenadamente y auxiliar a quienes tengan algún tipo de dificultad. Hay comodidades dentro. Este enviado lo pudo comprobar cuando pasó alguna noche en uno de ellos en conflictos anteriores. Por ahora esta vez no ha sido necesario.

Muros de concreto de 30 centímetros

Los refugios comenzaron a ser construidos por orden municipal después de la Guerra del Golfo Pérsico en 1991. El instructivo del gobierno imponía que las paredes del cuarto elegido no debían ser de ladrillo sino de concreto, con muros de 30 centímetros de espesor y puertas y ventanas que se cierren desde dentro.

 Vista de varios cohetes lanzados desde la Franja de Gaza hacia Israel EFE Vista de varios cohetes lanzados desde la Franja de Gaza hacia Israel EFE

Estas medidas no abarcan solo las zonas más expuestas en las cercanías de la amenaza de la Franja o del norte. En el hotel donde se aloja este enviado, en pleno centro de Jerusalén, en cada piso hay un letrero que avisa donde se halla el refugio por si es necesario. También eso se ve en Tel Aviv.

Shlomo, un hombre joven padre de dos niños le comenta a Clarín, que en la escuela los chicos son preparados para actuar en busca de seguridad cuando la situación lo reclama como una asignatura permanente. “Sabemos que tenemos un minuto y pico, y medio … no lo medimos, simplemente nos movemos con velocidad y seguimos los protocolos que se practican”, señala.

Son entrenamientos que comienzan desde los primeros años de la primaria y se sofistican hacia adelante. El dato alcanza para describir el entorno y de qué manera se construye la psicología social de un país casi constantemente en guerra desde su nacimiento.